lunes, 13 de mayo de 2013

La Corte Interamericana suscita críticas de médicos y abogados Por Stefano Gennarini, J.D., Mayo, 10 de 2013.


NUEVA YORK, 10 mayo (C-FAM) Abogados y médicos acusaron la semana pasada al máximo tribunal de derechos humanos de las Américas por inmiscuirse en la ciencia y no proteger la vida humana.
En diciembre pasado, la Corte Interamericana de Derechos Humanos derogó una prohibición costarricense a la fecundación in vitro, conocida como FIV. Para expedirse de ese modo, el tribunal debió considerar el derecho y la ciencia en cuanto al momento en el que comienza la vida humana. Resolvió que la prohibición de la FIV violaba el derecho a la privacidad, a la autonomía personal y a la salud sexual y reproductiva.
Una declaración publicada en línea y elaborada por juristas, médicos y científicos dice que la opinión de la Corte no constituye un precedente válido para futuros casos que involucren la vida embrionaria y que no debería tenerse en cuenta por presentar errores legales y científicos.
La declaración critica el modo en el que el tribunal ignora el derecho a la vida. Pero los autores del documento consideran aún más preocupante el tratamiento de cuestiones médicas y científicas por parte de la Corte.
Según ella, el óvulo fecundado solo se convierte en persona al implantarse. Este fallo contradice la opinión científica ampliamente extendida de que se concibe un miembro único e irrepetible de la especie humana una vez que el óvulo es fecundado.
Los signatarios de la declaración señalan «imprecisiones científicas» en la opinión de la Corte que menosprecian la humanidad de los embriones antes de la implantación. Concretamente, el tribunal describe de manera equivocada la naturaleza y la cualidad de las células embrionarias y se vale de demasiados argumentos no científicos. También presupone erróneamente que las leyes que protegen la vida embrionaria se aprobaron cuando la concepción fuera del útero era inimaginable.
La declaración advierte que cualquier apoyo a la opinión de la Corte en el caso de Costa Rica podría dar lugar al tráfico ilegal de embriones humanos, así como al uso de embriones sin el consentimiento de los padres.
Este caso tiene especial relevancia porque la Convención Interamericana sobre Derechos Humanos, aplicada por la Corte, brinda la única protección internacional a la vida humana desde el momento de la concepción. Varios tratados suponen que las leyes nacionales protegen a los niños no nacidos antes de nacer e incluso pueden llegar a requerirlo, pero ninguno ampara explícitamente la vida humana de modo tan exhaustivo como la convención americana.
Un experto en el sistema interamericano de derechos humanos describió el caso como «la peor decisión en cuanto a la protección de la vida humana embrionaria que un tribunal internacional haya emitido jamás».
Los países que se encuentran bajo la jurisdicción de la corte interamericana, aparte de Costa Rica, aún no han protestado contra el fallo. Cualquier respuesta oficial con seguridad atraerá críticas de agrupaciones proabortistas. Tanto los defensores moderados del aborto como los partidarios de esta práctica a petición niegan el derecho a la vida de los embriones y no se oponen a los fármacos capaces de destruir la vida en fase embrionaria.
Al mismo tiempo, hay una conciencia renovada del peligro del activismo judicial en los círculos jurídicos y académicos de latinoamericanos. Este fallo representa la clase de acción que los defensores de la restricción judicial denuncian como amenaza a la democracia y al estado de derecho.
Reacciones como la declaración deberían contribuir a ganar impulso para un repudio unánime de acciones análogas de la Corte en el futuro. La Declaración de Guanajuato está disponible para firmas.




jueves, 7 de marzo de 2013

''Las células madre. Alquimia celular para una nueva medicina''


Un ebook sobre un asunto bioético de gran actualidad
MADRID, 09 de febrero de 2013 (Zenit.org) - Nicolás Jouve ha publicado el ebook "Las células madre. Alquimia celular para una nueva medicina", en Digital Reasons. Todos los libros de esta editorial son digitales y pueden leerse en su página web o descargarlos en formato epub. El lector puede contar con un espacio propio donde se activa el enlace para descargar el libro, leerlo en su ordenador o acceder al blog de los libros que haya adquirido.
Las células madre –dice la presentación del libro- son células no especializadas que tienen la capacidad de transformarse en muchos tipos de células diferentes del organismo. Cuando a finales de los años noventa se conoció la existencia de las células madre embrionarias surgió la idea de aprovechar los embriones «sobrantes» de la práctica de la fecundación in vitro, extraer las células pluripotentes del embrioblasto, cultivarlas en el laboratorio y utilizarlas para la reparación de los tejidos degradados de enfermos con patologías que afectasen al deterioro celular. Sin embargo, esta utilización plantea serios problemas técnicos y éticos. Los primeros se refieren a las dificultades de aplicación al constatarse un doble problema tras el trasplante: el rechazo inmunológico y la formación de tumores. El grave inconveniente ético surge de la necesidad de destruir los embriones para utilizar sus células, lo que es contrario al respeto a la dignidad y protección debida a toda vida humana desde la concepción.
Casi desde el comienzo de la experimentación con las células madre embrionarias se produjo la búsqueda de alternativas y surgieron numerosos trabajos demostrativos de que en tejidos somáticos post-embrionarios, fetales y post-natales, existen células madre, denominadas adultas, que son multipotentes con capacidad de reprogramación hacia el mismo o diferente tipo de tejido celular. A ello se añade el hecho de que desde 2006, se ha habilitado una nueva tecnología debida al investigador japonés Shinya Yamanaka, Premio Nobel de Medicina en el año 2012, consistente en la reprogramación de células diferenciadas de tejidos adultos por técnicas de ingeniería genética. La técnica recibe el nombre de «reprogramación celular» y a las células derivadas se les denomina Células Madre Inducidas (iPS). Tras un arranque lleno de resultados prometedores ya no existen dudas del potencial terapéutico de estas células, que no plantean problemas éticos y son una auténtica alternativa a las embrionarias en investigaciones biomédicas con aplicaciones clínicas. A los 12 años del comienzo de estas tecnologías, en el momento presente los ensayos clínicos utilizan muy mayoritariamente las células madre adultas o las iPS, con logros clínicos muy prometedores en una creciente gama de aplicaciones terapéuticas.
En este libro se sigue una exposición cronológica de los hitos principales y del panorama de este tipo de investigaciones desde finales de los años noventa hasta el momento presente. Se describen con detalle todos los aspectos que interesa conocer sobre la tecnología de las células madre, embrionarias, adultas e iPS, y su utilización terapéutica, su conexión con el proyecto genoma humano y la terapia génica y su importancia cada vez mayor en la medicina personalizada. También se puntualiza sobre el importante debate ético suscitado por la destrucción de los embriones, incluido el aspecto legislativo y la importante sentencia del Tribunal de Justicia Europeo a finales de 2011, en contra de la utilización de los embriones en investigación o para la obtención de patentes. Se concluye sobre el cambio operado en la fuente de las células madre para la medicina reparadora, pasando de unas expectativas terapéuticas frustradas con las de procedencia embrionaria, a la emergencia e implantación mayoritaria de la tecnología de las células madre adultas e iPS.
Nicolás Jouve de la Barreda es de Madrid y catedrático de Genética desde 1977. Doctor en Ciencias Biológicas. Fue profesor en las universidades Complutense, Politécnica de Madrid, Bilbao y Córdoba. Hizo estudios de postgrado en Cambridge, en 1976, y fue investigador invitado en la Universidad de Columbia, Estados Unidos, en 1988. Da cursos de Genética en la Facultad de Medicina, y de Genética Evolutiva en la Facultad de Biología. Fue presidente de la Sociedad Española de Genética (1900 a 1994). 
Es consultor del Consejo Pontificio para la Familia, desde septiembre de 2009. Promotor y primer firmante de la Declaración de Madrid --marzo de 2009--, un manifiesto a favor de la vida humana naciente. Presidente de CiViCa, Asociación de Profesionales e Investigadores por la Vida Humana creado en Junio de 2009:
 http://www.investigadoresyprofesionales.org/drupal/.
Autor de varios libros de Genética y Bioética, entre ellos, un libro de texto de "Genética" --Editorial Omega, Barcelona--, un libro de divulgación sobre biología y ética, titulado “Biología, vida y Sociedad” --Editado por Antonio Machado--, y un ensayo titulado "Explorando los Genes. Del Big-Bang a la Nueva Biología" --Ediciones Encuentro--. Colaborador habitual de diversos medios de comunicación. En la actualidad participa en la información sobre temas de Ciencia en Intereconomía TV.

BIOÉTICA. Benedicto, fortaleza amable, febrero de 2013.


Agradecimiento de los médicos católicos

ROMA, 18 de febrero de 2013 (Zenit.org) - Ofrecemos este artículo sobre el papa, escrito por el doctor José María Simón Castellví, presidente de la Federación Internacional de Médicos Católicos (FIAMC).
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Los médicos católicos debemos mucho a Joseph Ratzinger, tanto cuando era Prefecto de la Fe como cuando ha ejercido como Vicario de Cristo. Su Fe es fuerte como la roca y su manera de actuar es siempre amable. Hemos aprendido de él que la Fe es razonable. Ello no anula el misterio que siempre se percibe en las cosas de Dios. Sin embargo, la Fe, que al final no deja de ser un don de Dios, es explicable. Los dogmas son transmisibles y pueden pasar por el cedazo de la razón. Los milagros refuerzan la Fe y se ven como la suspensión de las leyes naturales por acción de un Ser superior. Acción que también es una prueba se su poder y de su “caritas”.
Benedicto siempre ha recibido con atención a los médicos católicos y nos ha dedicado estupendas homilías. Lo recuerdo en el reciente Sínodo de los Obispos para la Nueva Evangelización para la Transmisión de la Fe. Se le veía frágil pero lúcido. Probablemente ya había tomado la decisión de su resignatio.
Cuando la FIAMC publicó su primer documento sobre la Humanae Vitae, le envié un ejemplar en alemán. En una audiencia me dijo que lo recordaba bien; en otra que se trataba de un tema importante; y en una tercera, nos dio las gracias por tratar un tema tan importante para padres, madres y niños.
Vaya, en estas cortas líneas, el tributo de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas a un ser humano excepcional y a un Papa que pasará a la historia como obediente a Dios, humilde, sincero y sabio.

jueves, 12 de enero de 2012

Los médicos británicos no quieren que se legalice la cooperación al suicidio, ACEPRENSA, · 10.ENE.2012


Si se legaliza la cooperación al suicidio, “se someterá a personas vulnerables a una presión cada vez mayor para que pongan fin a su vida y así no ser una carga para otros... El llamado derecho a morir fácilmente puede convertirse en el deber de morir” (Dr. Peter Saunders)

Una comisión independiente británica ha recomendado que se despenalice la cooperación al suicidio si la hace un médico a petición del paciente y bajo ciertas condiciones. En el informeque ha elaborado, hecho público el pasado 5 de enero, tacha de “inadecuada e incoherente” la ley actual, entre otras cosas porque quienes desean poner fin a su vida han de tener recursos para costearse un viaje al extranjero. Así, dice, han hecho unos 160 británicos que murieron en el famoso centro Dignitas de Suiza.
La Comisión sobre Muerte Asistida, presidida por el político laborista Charles Falconer, anterior lord canciller, no es oficial. Fue formada en noviembre de 2010 con dinero donado por el historiador Bernard Lewis y el novelista Terry Pratchett. Elthink tank Demos facilitó apoyo para las tareas administrativas. La organización pro eutanasia Dignity in Dying ayudó a constituir la comisión, pero no intervino en la elaboración del informe. La propuesta de reformar la ley se refiere a Inglaterra y Gales.
Actualmente está prohibida la cooperación al suicidio, que se puede castigar con hasta 14 años de prisión. Pero desde que la fiscalía publicó unas nuevas directrices en febrero de 2010, de hecho no se ha acusado a nadie por este motivo. Ahora solo se lleva a juicio a quien presiona a la víctima para que se suicide, no a quien interviene a petición del suicida sin haber influido en su decisión. Las directrices respondían a la situación creada por la sentencia dictada el año anterior por la Cámara de los Lores en el caso de Debbie Purdy. Esta mujer, aquejada de esclerosis múltiple, quería garantías de que su marido no sería procesado si, cuando la enfermedad estuviera muy avanzada, ella decidía recurrir a él para suicidarse. Los lores accedieron a la petición. (Purdy vive todavía, y el año pasado declaró que había aparcado su plan de suicidio al comprobar que su vida no es insoportable: cfr. BBC News, 16-04-2011.)
Propuestas de la comisión
El informe propone permitir la cooperación médica al suicidio de personas con esperanza de vida inferior a un año, excluidos minusválidos y aquejados de depresión o demencia. Haría falta el dictamen favorable de dos médicos. Además, el paciente tendría que esperar durante un periodo de reflexión de catorce días antes de que un médico le facilitaran las sustancias letales. Él mismo tendría que tomarlas: no se admitiría que otra persona se las administrase.
El informe reconoce que la legalización causaría un “riesgo real” de presiones a personas vulnerables para que pidieran la muerte. Además, considera necesario mejorar los cuidados paliativos. Aun así, la comisión cree que se debe permitir la cooperación al suicidio porque siempre hay una minoría de enfermos terminales que solo se sentirían aliviados poniendo fin a su vida o al menos sabiendo que podrían hacerlo cuando lo decidiesen.
La propuesta supondría cargar gran parte de la responsabilidad sobre el médico. Tendría que dictaminar si un paciente podría acogerse a la ley de eutanasia, explicarle qué tratamientos podría recibir, prescribir la droga letal, estar accesible cuando el suicida la tomara, asesorar a los familiares, cooperar con la policía y entregar un informe a un organismo oficial de control. Muchos médicos no consideran todo eso parte de su cometido, y temen que intervenir en la aplicación de la eutanasia perjudicaría su relación con los pacientes, como declaró uno a la comisión: “El servicio de salud no es el entorno apropiado para un servicio de muerte”.
La Asociación Médica Británica, que –al igual que otras organizaciones– no quiso participar en los debates convocados por la comisión, ha recibido el informe con críticas. Su portavoz dijo: “Aunque entre los profesionales hay diversidad de puntos de vista sobre la cooperación al suicidio, creemos que la mayoría están en contra de legalizarla”.
También se manifestó en desacuerdo con el informe la organización Care Not Killing, que promueve los cuidados paliativos. En una declaración firmada por un representante, el Dr. Peter Saunders, advierte: “Si se aplicaran esas recomendaciones, se someterá a personas vulnerables a una presión cada vez mayor para que pongan fin a su vida y así no ser una carga para otros. Esta presión puede ser especialmente intensa en una época de recesión económica, en que las familias y los servicios de salud pasan estrecheces. El llamado derecho a morir fácilmente puede convertirse en el deber de morir”.

martes, 22 de junio de 2010

vamos a ver la nueva plantilla.

UN JARDÍN EN GALICIA.

18 de junio de 2009. Escrito por jmolinavaldes@gmail.com, clasificado en Política Sanitaria. Sobre el Proyecto de Ley de Muerte Digna de Andalucía.

ANDOC
El Consejo de Gobierno andaluz acaba de aprobar el proyecto de ley de derechos y garantías de la dignidad de la persona en el proceso de la muerte, más conocido como “ley de muerte digna”.
Con este motivo, la Asociación para la Defensa del Derecho a la Objeción de conciencia (ANDOC), ha realizado las siguientes precisiones:
Esta propuesta legal tiene poco de novedoso: la mayoría de los derechos y garantías que establece para la digna atención del paciente están ya contempladas en otras leyes generales anteriores: la Ley 41/2002 de Autonomía del Paciente y la ley General de Sanidad de 1986; respecto a los profesionales, las “malas prácticas” que trata de evitar ya aparecen sancionadas, además de en las normas mencionadas, en los Códigos Deontológicos sanitarios. No es de extrañar que otras Comunidades Autónomas, con previsiones estatutarias similares, hayan optado por seguir la ley vigente, sin aventurarse con proyectos, a todas luces, innecesarios.
Si bien es cierto que el proyecto andaluz no regula la objeción de conciencia, deja muy mal parada la libertad profesional y de conciencia de los médicos al indicar en su artículo 17 que los profesionales sanitarios “implicados en la atención del paciente tienen la obligación de respetar los valores y preferencias del paciente en la toma de decisiones clínicas, debiendo abstenerse de imponer sus opiniones personales morales, religiosas, filosóficas o de cualquier naturaleza”. De respetar las convicciones de los pacientes sin imponer las propias, a reducir al médico al silencio ante “preferencias del paciente”, obligándole incluso a abstenerse de manifestar sus opiniones de “cualquier naturaleza”, hay una diferencia abismal. ¿Creen que con profesionales “mudos” pueden curarse o aliviarse enfermedades o contribuir al avance de la medicina? ¿Tiene algo que ver una disposición de este género con la realidad cotidiana de la asistencia sanitaria?
Para prestar una atención integral y de calidad a los pacientes graves o terminales, se hace necesario desarrollar mucho más los cuidados paliativos, formar a los profesionales en esta materia, dotar de medios específicos suficientes a los centros sanitarios, no cargar contra los profesionales, ni obligarles a actuar contra sus conocimientos y conciencia.
Cualquier ley de “muerte digna” que no cuente con los profesionales sanitarios, no aportará dignidad ni a los médicos, ni a los pacientes, ni al propio sistema sanitario.